Charallave, 21 de
Septiembre del 2017
Obra: Anhelada Soledad
Autor: Inés María
Herrera Gonzales
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14.587.281
Dirección: Charallave,
Estado Miranda, Sector Campo Elías Avenida principal Casa Numero 26
Código Postal: 1210
Teléfono: (0424)
180.02.69
Anhelada
Soledad
¡Oh! Mi soledad, cuanto
te extraño,
Extraño ese aroma a
jazmín solitario
En medio de la pradera,
el roce
De tu voz en mi oído
que dice:
Solo tú y yo aquí y
ahora.
¡Oh, Mi soledad las
lagrimas caen
En mi rostro humedeciendo
tal desierto
Seco y árido que en
cada poro solo lleva
El recuerdo de aquella
piel tersa y suave
De una juventud que
está quedando atrás.
Los años se están
desvaneciendo sin
Siquiera preguntarme si
quiero,
Solamente llegan y se
van, como viajero que vaga,
Que deja un recuerdo y
luego se marcha.
Vivo el agitado
amanecer y el jadeante anochecer,
La crianza de los
chiquillos, la madre paciente y amorosa,
La esposa fiel, amiga y
a veces la matrona de un niño grande, Firme como la roca, suave como la arena
fresca, corazón Con mil sentimientos que expresar cada uno a su momento,
Esperando el crecer de
los retoños, frutos del amor de dos
Soledades que se
tropezaron y a la vez el temor de que
Tu’ anhelada soledad
llegues y te quedes por siempre.
Te extraño, si, pero
solo en esos momentos que el sin sabor
Toca mis labios, cuando
las agitadas olas del mar dentro de mi
No me permiten ver la
orilla, al deseo de cinco minutos de quietud
A tan desapacible Proceso que te fortalece
antes las ocurrencias
De la vida misma.
Si, te anhelo y como no he de hacerlo, si eres
tu quien me enseño’
A sentirme dueña de mi
mundo, a que era yo y nadie más, yo como solitario capitán
De un barco que
tripulaba en medio de la mar, en un ir y venir a mi antojo,
No miraba el
calendario, hasta que llegas tu disfrazada de pequeño caballero
Radiante de amor, falta
de una compañera a tus aventuras ocurrentes.
Como niña curiosa atada a tu brazo me dejo
llevar por aquellos catillos azules
Envueltos en brillantes
nubes blanquecina, que se disipan al terminar el pequeño beso
Que me paraliza el tic
tac dentro de mi pecho, trayendo consigo dos hermosas hijuelas
Que me recuerdan que mi
piel, mis cabellos, hasta mi mirada está cambiando.
Señalándome que te
acercas a disipar esta turbulenta formación, llena de sonrisas y
Colores.
Pero no vienes con tu ropaje de compañero de
vida, sino con tu verdadero rostro
El de amigo silencioso
y en ocasiones triste, con tu fragancia a nardo que perdura en tú impalpable e
innegable presencia.
Mi anhelada soledad, en
esos días agitados con solo unos segundos de ti
Cual felicidad me
retendría, calma que saciaría mi alma sedienta y exhausta del
Diario vivir en este mundo lleno de locuras
divinas y otras no tantas, pero en fin agotador.
Viaje por el que tengo
que andar sin saber cuando terminará y
el que a la vez no quisiera que terminara, tan solo deseo que esta corta o
quizás larga marcha por los senderos de
la luz y oscuridades de la vida, sean siempre a tu lado, aún cuando no siento
tu presencia solo quiero saber que estas allí, sosteniéndome cuando caigo,
secando mis lagrimas cuando sufro y compartiendo mis sonrisas cuando soy feliz,
porque sabes que te temo pero también sabes que te anhelo, que sin ti nada
tiene sentido, tu eres parte de todo, eres quien inspira, quien discierne,
quien provoca, quien actúa, eres inseparable.
Lejos de ti no quiero
estar y cerca me da miedo, tu presencia me envuelve en un mundo que me aleja de
la realidad, me haces sentir especial, me llenas de una fuerza imperiosa
En la que sueño, revivo
mis fibras, pero también me haces enfrentar a lo que escabullo y es ahí
donde se termina el hechizo, en donde la
tristeza se apodera de mis pensamientos y me doy cuenta que aun sin buscarte tu
estas aquí, compañera fiel.
Me besas, me abrazas,
me das alegría, regalas momentos solo para mi, donde puedo inhalar una profunda
paz, en que puedo comunicarme con mi ser
interior, sentir el palpito de mi corazón,
escuchar a los deseos de mi alma y dar la respuesta acertada a cada uno de
ellos, sin temor a nada, simplemente soy un libro abierto delante de ti, en el
que tocas cada página con la dulzura y suavidad de tu existencia, donde no temo
a lo que descubres en cada una de ella, porque no acusas, no dices nada, solo
percibes y me comprendes fortificando mis extenuaciones. Gracias mi anhelada soledad, por estar lejos
y tan cerca aún cuando no quisiera que así fuera.
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